May 22 2008
Poker
1. Las apuestas
Las apuestas son un importante factor en cualquier partida de poker. Hay dos maneras de jugar. En la primera, la de los «límites fijos», los valores de las apuestas inicial y de apertura, y de las apuestas de después del descarte están fijados: por ejemplo, 25 unidades para la apuesta inicial, 200 para abrir y subir, y 500 para después del descarte. En este tipo de juego, los jugadores saben donde se encuentran, en el sentido de que aunque alguno de ellos cometa un error, perderá poco más de 500 unidades. El mismo principio rige incluso en partidas con límites muy altos, como las usuales en los casinos de Las Vegas: para las apuestas iniciales 10$, 100$ antes del descarte y 200$ después. Este sistema evita que el juego traspase ciertos límites.
La segunda manera de fijar las apuestas, llamada «límite del bote» determina que el juego sea más activo y su evolución más irregular, y es muy popular en ciertos grupos sociales. Consiste en que se puede aumentar progresivamente el valor de la apuesta, tomando como referencia la cantidad del «bote». Hay tres posibles formas de ponerla en práctica.
De acuerdo con un método está permitido subir la apuesta por el valor del bote más el de la apuesta individual. Supongamos que quien reparte las cartas pone 5 fichas como apuesta inicial sobre la mesa. El primer jugador abre con otras 5, con lo que el «bote» es ahora de 10. Si el jugador siguiente quiere subir, deberá ir primero con 5 y luego por valor del total del «bote», es decir 15 fichas. Si el siguiente jugador quiere seguir subiendo, deberá ir con 5 más 15, y a continuación poner una cantidad igual a la total del «bote», que ahora es de 50 fichas (5 + 5 + 5 + 15 + 20). Un jugador puede, por supuesto, subir por un valor menor que el indicado por el total, pero lo usual es que se atenga a él.
Límite del bote: apuestas individuales y volumen del bote después de la propia apuesta
Otra forma, menos trepidante y más controlada de regular las apuestas consiste en limitarlas al volumen del «bote» antes de que cada jugador hable. Tomando el ejemplo anterior, después de la apuesta inicial de 5 fichas y de la de apertura de otras 5, el jugador al que le corresponda el turno puede ir con 5 y subir con 10; y el siguiente, habiendo ido con 5 y con 10, puede volver a subir con 25 (5 + 5 + 5 + 10).
Límite del bote: apuestas individuales y volumen del bote antes de la propia apuesta
Finalmente, existe el método según el cual un jugador puede apostar sólo por valor del volumen del «bote», más el de la apuesta inicial. En este caso, después de la inicial de 5 fichas y de la apuesta de apertura de otras 5, el jugador siguiente puede ir con 5 y subir con 5 más, el siguiente ir con 5 + 5 y subir 10 (lo que da un «bote» de 40 fichas), el siguiente ir a 5 + 5 + 10 y subir con 20, y así sucesivamente. Este método, en efecto, limita las subidas a doblar la anterior apuesta.
Límite del bote: apuestas (incluida la propia) limitadas al volumen del bote
Sea cual sea la manera en que se juegue con límite para las apuestas, la razón que define su valor conduce, según la opinión de numerosos jugadores, a un juego más realista, porque éstos pueden siempre apostar más por sus jugadas y, a la vez, sacudirse a los rivales más débiles. En una partida con límite, un jugador puede hablar con la suficiente facilidad. Igualmente, los jugadores pueden marcarse faroles con mucha más efectividad cuando pueden hacer una apuesta fuerte o subir al final de la partida.
En las partidas con límite normalmente las apuestas están controladas por el sistema conocido como «apuestas reguladas»: un jugador sólo puede apostar por la misma cantidad que tenga ante sí encima de la mesa. Ello significa que pese a apostar fuerte, cada jugador puede limitar su riesgo. Si tiene 5.000 unidades en la mesa, esta cantidad es la máxima que puede apostar una vez repartidas las cartas.
Cuando alguien «va con todo», con todas sus fichas, compite por cualquier cantidad proporcional del «bote» que haya pagado por jugar, y otros jugadores que dispongan de más dinero en la mesa podrán luchar separadamente por el «bote». Por ejemplo, el jugador A tiene 25.000 unidades y «va con todo» por un «bote» cuyo valor sea 75.000 unidades; los jugadores B y C, ambos con más dinero, siguen subiendo en un «bote» secundario. Cuando se enseñan las cartas, A tiene un full de reyes, B un full de damas y C color con as. A gana el «bote» principal, pero B toma el secundario aunque A le haya ganado.
En las apuestas reguladas, un jugador puede echar mano de más dinero si ya no le queda nada en la mesa, aunque no a la mitad de una partida. También es una práctica usual prohibir a los ganadores que retiren el dinero ganado de la mesa, pues si lo hicieran, sus perdedores no tendrían oportunidad de volverlo a recuperar. Adviértase que no es infrecuente que el «bote» secundario sea más voluminoso que el principal.
Existe también otro tipo de juego que, como he podido comprobar, es practicado sólo entre los grandes millonarios de Nevada. En este caso no hay límite, los jugadores pueden apostar todo lo que deseen, sin limitación alguna. Este sistema es verdaderamente inusual en el poker ordinario y no es recomendable ponerlo en práctica, a menos que los interesados pertenezcan a un círculo de millonarios.
Sin embargo, desde un punto de vista puramente técnico, no existe ningún impedimento para que se juegue al poker con apuestas muy altas, si es que los jugadores pueden permitírselo. De hecho, es posible que el nivel de juego sea más bajo -porque así los jugadores son más libres en el uso de su dinero- que en los juegos con límite de apuestas.
Stud Poker (poker descubierto)
El «five card stud» (stud de cinco cartas), simplemente llamado stud, es la segunda forma de poker clásico. Difiere radicalmente del draw poker (poker de descarte) en que a excepción de la primera, que se entrega boca abajo, todas las otras cartas se reparten, una por una, boca arriba. Ello significa que en cualquier momento del juego, cada jugador puede comprobar cuál de los otros tiene aparentemente la mejor jugada. Por otra parte, mientras en el draw sólo se dan dos tandas de apuestas, en el stud se dan cuatro.
Después de que el jugador correspondiente haya repartido a cada uno de los otros una carta boca abajo (la carta oculta) y una boca arriba, inicia la tanda de apuestas el jugador cuya carta descubierta sea más alta (no el situado inmediatamente a la izquierda del que reparte como en el draw). Si dos jugadores coinciden en tener la carta más alta, tiene preferencia aquel al que se le repartió primero.
Todos los jugadores que continúen en el juego tras la tanda inicial de apuestas, reciben una segunda carta boca arriba; a continuación, se lleva a cabo una nueva tanda. El mismo proceso se repite, hasta completar el reparto de cinco cartas con sus tandas de apuestas correspondientes. No se permite hacer cambio de cartas.
Otra diferencia crucial del stud con respecto al draw reside en que debido a que en cada tanda apuesta en primer lugar el jugador que tenga la jugada más alta a la vista, la posición de los jugadores cambia a medida que se va completando el reparto. Puede ocurrir, por ejemplo, que hable un jugador con un rey en la primera tanda, que en la segunda lo haga otro que haya recibido un as y que en la siguiente lo haga un tercero que posea una pareja baja.
Las tandas adicionales de apuestas hacen del stud un juego más elevado que el draw, pues al ser evidente en todo momento quién dispone de mejores posibilidades de ganar, los jugadores tienden a abandonar sus jugadas con mayor rapidez. Si un jugador tiene cartas altas, no puede ocultarlo; la cuestión final es la identidad de su carta tapada.
En una partida de stud de cinco cartas cada jugador sabe que la clave del éxito reside en empezar con una mejor jugada, o como mínimo menos desfavorable, que cualquier otra a la vista en la mesa. Si, por ejemplo, usted tiene un rey como carta tapada, y algún jugador un rey descubierto, debe saber que le resultará difícil conseguir otro rey; mientras que si alguien tiene un as, usted posee la segunda mejor jugada. Incluso si usted tiene una pareja de reyes «cubierto-descubierto» (K) K, no puede estar seguro de que su adversario no tenga (A) A.
Hay diferentes opiniones respecto a cuál es la jugada óptima para empezar en el stud. En general, se puede jugar con un as tapado y cualquier carta descubierta (si el as está descubierto, la jugada es mucho más débil), con cualquier combinación de dos cartas altas, K-Q-J ó 10, o con cualquier parte alta. Una pareja baja puede ser tentadora, pero hay que considerar que puede ser fácilmente superada. Por ello, ante una demostración clara de fuerza en la mesa, lo más aconsejable es abandonar, a menos que se pueda apostar por poco dinero, a la espera de reunir un trío con la carta siguiente.
La posición es tan importante en el stud como en el draw. Si los jugadores que apuesten después de usted tienen mejores cartas (incluso aunque haya emparejado su cara oculta), puede verse presionado por acusadas elevaciones de la apuesta (véase «Puesto en un aprieto»). Ahora bien, mientras ocupe el último lugar, podrá escurrirse y entrar en juego por poco dinero con una pareja baja, o con una jugada tan deficiente como 10-9-8. Si la siguiente carta que le venga es un as, aun sintiendo debilidad, podrá apostar fuerte, aunque una carta que ligue con su escalera solamente le ofrezca un buen motivo de comentarios.
Es esencial conocer el modo de calcular las probabilidades de mejorar la jugada, ya que puede hacerse con total precisión. Si, por ejemplo, usted tiene K(Q), hay tres reyes y tres damas que pueden hacerle mejorar (al margen de los ases). Reste el número total de cartas conocidas de las que hayan salido (en una partida con siete jugadores serían seis más dos propias) del total del mazo: 52-8=44. De ellas, 6 (tres reyes y tres damas) le sirven, mientras no estén ya sobre la mesa y las otras 38 no. Por tanto, las probabilidades de mejorar la jugada con la carta siguiente son 6 contra 38 de no hacerlo; si las posibles ganancias se obtuvieran en proporción superior a 6 a 1 y usted cree que va a ganar con los reyes o las damas, el «saber convencional» aconsejaría que apostase.
Y digo saber convencional porque, cuando se llega a la última carta, este tipo de juego no es beneficioso si el adversario ya tiene una pareja, aunque sea baja. Supongamos que en una dura pugna a dúo, usted llega al reparto de la cuarta carta con (K)10-J-8 y está convencido que su adversario, cuyas cartas son (?)Q-7-6, tiene pareja de damas. Ciertamente, usted podría mejorar y ganarle tomando otro rey; pero su rival no necesita mejorar para ganar, pues ya está ganando. De las 44 cartas que quedan en el mazo (usted ha visto la jugada de su adversario), 41 no le sirven para mejorar. Y aunque usted consiguiera uno de los tres reyes, su adversario podría también mejorar tanto con una dama, como con un 7 ó un 6. En consecuencia, cuenta usted con ¡16 contra 1 probabilidades en su contra!
Ello demuestra con suficiente claridad porqué es tan importante empezar en el stud con la mejor jugada posible. ¿Cómo sabe usted que la carta tapada del otro jugador es una dama? La respuesta la hallará observando el modo en que su rival apuesta durante la partida. ¿Habría apostado sin tener una pareja? Incluso si sólo tuviera un as, estaría en mejores condiciones que usted. Si apuesta con fuerza, lo lógico es que usted le crea. Supongamos, sin embargo, que usted sigue en liza y toma su rey, mientras que él toma un nueve. Ahora usted tiene una jugada «segura». Esta es una situación muy frecuente en el stud, que comportaría que usted no pudiera ser vencido, tuvieran lo que tuvieran su rival o rivales.
El stud de cinco cartas es un juego para jugadores valerosos que gusten del farol: si su jugada aparece ante la mesa como la mejor o usted cree que realmente lo es, debe apostar sucesivamente por ella. El no hacerlo sería entendido como un signo de debilidad por sus adversarios y significaría dejarles el paso libre. Por lo general, se hace necesario decidir entre continuar en el juego o abandonarlo en la tercera carta. Y, por consiguiente, aquel jugador que haga una apuesta fuerte en la cuarta carta, muy probablemente no tendrá que lamentarse de ello al final de la partida.
El stud de cinco cartas ha experimentado una notable decadencia en los últimos años. Tanto los jugadores profesionales como los expertos lo consideran demasiado mecánico: se debe entrar en juego disponiendo de un reducido abanico de buenas jugadas, y en todo momento es evidente la de cada cual. Además, los casinos no tienen acceso en este juego a la misma rentabilidad que en otros. Por todo ello, el hold’em está muy en boga actualmente y es el primer juego del «salvaje oeste». Con todo, el stud de cinco cartas constituye un gran desafío al temple y habilidad y puede ser jugado únicamente por dos jugadores.
«Puesto en un aprieto»
Al jugar la última carta, A apuesta y B sube. ¿Qué haría usted siendo C? Debería sospechar que B está marcándose un farol porque de otro modo ningún jugador inteligente jugaría con (9)8 contra cartas más altas. El que cualquiera de los nueves hubiera salido en las jugadas de los adversarios ya retirados, sería una evidencia adicional. Pero si usted igualase, le proporcionaría a A una magnífica oportunidad de volver a subir. Lo más adecuado, incluso si estuviera jugando al poker con apuestas limitadas, sería abandonar.
En un juego de apuestas reguladas, la situación tendría un cariz diferente. En la cuarta carta podría tantear a sus adversarios efectuando la máxima apuesta posible. Si éstos abandonasen sus beneficios serían moderados; pero si igualaran su apuesta, aumentarían sus probabilidades de vencerle, lo cual, a la larga, le resultaría un hábito caro.
El «seven-card stud» (stud de siete cartas), también llamado «Down the river» (río abajo) combina claramente los atractivos propios del draw y del stud en un solo juego. Los jugadores reciben dos cartas boca abajo y una descubierta al principio de la partida; luego tres cartas más descubiertas y, finalmente, una séptima carta boca abajo. Se dan cinco tandas de apuestas, circunstancia que convierte al stud de siete cartas en un «duro» juego.
Se advierte fácilmente que se trata de una variante que da paso a posibilidades de juego más complejas que el draw y el stud. Con siete cartas repartidas, las probabilidades de conseguir escalera y color son mucho mayores, al tiempo que es posible que un jugador tenga un full completamente oculto, como (A-A) 7-1O-J-A-(7), lógicamente muy difícil de detectar. Por otra parte, debido al buen número de cartas descubiertas y a la extensa secuencia de apuestas, los jugadores pueden recabar mucha más información acerca de las jugadas de sus adversarios.
Stud de siete cartas: secuencia de reparto y apuestas
Por término medio, las jugadas ganadoras en el stud de siete cartas se sitúan entorno a la doble pareja mayor de ases o de reyes. Lo cual no es indicativo de que puedan ganarse bastantes partidas con jugadas inferiores, sino de aquellas combinaciones a las que se aspira desde el principio. Al igual que en el draw o en el stud de cinco cartas, el primer factor a tener en cuenta y más importante es el de la jugada óptima para entrar en juego. La tabla inferior muestra algunas probabilidades que es útil conocer en relación a las tres o cuatro primeras cartas.
La visión convencional del juego según la cual los tríos o parejas de ases o reyes deben ser jugados hasta el final, que vale la pena intentar sacar adelante combinaciones de escalera o color, y a la inversa, que cualquier pareja baja, incluso la de damas, tiene que ser desestimada si no va a más tras el reparto de la cuarta carta, es, bajo mi punto de vista, demasiado rígida.
Al igual que ocurre en el poker, en cada caso debe tenerse en consideración la situación global del juego o si, por ejemplo, usted tiene un trío y está convencido de que algún jugador posee otro más valioso, deberá abandonar tan pronto como le sea posible. Una pareja baja oculta es potencialmente más valiosa que una pareja más alta a la vista de los jugadores. Por lo general, los principiantes valoran en exceso cuatro cartas de color o de escalera, puesto que hasta no estar completas, no poseen un valor real. En cada partida, debe usted valorar el juego que desarrolle su contrincante y la representación que éste se haga de su propio juego.
Efectúe las jugadas de apertura en consonancia con las características del juego en que se encuentre. En un juego entre amigos en que los jugadores gusten de imprimirle ritmo abriendo sin tener una mínima jugada y apostando descuidadamente, usted puede asumir toda clase de riesgos. En una partida seria con límite de apuestas debe poseer, en cambio, jugadas fuertes. En una partida de casino con siete u cho jugadores, donde el valor de la apuesta inicial es del 10 o de la primera apuesta y el croupier recorta el «bote» (toma un porcentaje para la casa) en cada partida, retírese del juego o, de lo contrario, el coste de las apuestas iniciales le conducirá a la ruina en un abrir y cerrar de ojos.
Mis recomendaciones en cuanto a las jugadas óptimas para abrir constituyen una guía práctica para ganar. Todo el mundo sabe que un trío es una excelente jugada; el problema reside en que sólo se puede esperar recibirlo una vez entre cada 425 partidas.
1. Cualquier pareja oculta ha de ser jugada hasta la quinta carta, a no ser que en el transcurso de la partida aparezca una carta con el mismo valor en la jugada de un rival; si se consigue el trío, debe subirse la apuesta, a menos que esté al descubierto una pareja de cartas más altas.
2. Cualquier pareja dividida con un valor superior a 9, como (9-10)10, debe ser jugada hasta la cuarta carta y, si se mejora, hasta la quinta pero no más allá, a menos que se consiga una segunda pareja o se tenga posibilidad de obtener cuatro cartas de escalera o de color; (9-10) 10-J-Q, por ejemplo.
3. Igualmente, si se empieza con tres de escalera o de color, hay que tomar una cuarta carta, y si mejora la jugada, una quinta, pero no se debe ir más allá, a menos que se consiga color o mejorar obteniendo una pareja más alta como protección: (10-Q)7-K-Q, por ejemplo.
4. Cualquier pareja dividida de nueves o inferior puede jugarse hasta la cuarta carta, pero no hasta la quinta sin haber mejorado a trío o a doble pareja oculta; (6-7)6-7, por ejemplo. Las dobles parejas bajas exigen ser jugadas con precaución y, por lo general, desechadas ante una pareja superior al descubierto.
5. Una pareja de ases o reyes oculta puede ser jugada mientras no se aprecien jugadas superiores sobre la mesa; si está dividida, puede ser jugada con arrogancia; si está descubierta, hay que recelar de los jugadores que igualen la apuesta.
6. Un trío alto debe ser jugado «apaciblemente» hasta la quinta carta, después deberán igualarse todas las subidas; si es un trío bajo, se puede subir antes.
La importancia de vigilar la extracción de cartas idóneas, con el fin de calcular en qué medida queden limitadas las probabilidades de mejorar el juego, no debe ser sobrevalorada. Poseyendo una pareja oculta, la probabilidad de lograr un trío se reduce aproximadamente a 1 contra 40 si una de las cartas que se necesita ya ha salido. Si teniendo cuatro cartas de color o escalera, cuatro o cinco de las cartas precisas ya han salido, las posibilidades de conseguir color o escalera quedan reducidas a la mitad. Los uenos jugadores de stud de siete cartas tienden a resolver la jugada en la quinta carta si
tienen una posibilidad real. Si así es, tenderán a comprometerse, yendo «río abajo» hasta la última carta.
En el stud de siete cartas, a medida que se reparte cada tanda de cartas, las oportunidades de hacer un juego habilidoso, incluidas las basadas en el farol, cambian y se desarrollan. Cada carta que aparece en la mesa amplía las perspectivas de juego, pues está relacionada con la propia jugada y con las probabilidades de los rivales. Cada vez que actúa un jugador, tanto si es para igualar, apostar o subir, se amplía la información. El stud de siete cartas es un juego complicado incluso para el experto. Se necesita experiencia para intuir la jugada que posee cada jugador y la posición en el juego de uno mismo, frente al resto de la mesa.
Hold’em
En el poker, como ocurre con todas las cosas, las modas cambian. El «hol’em», un juego que nació en Texas, alcanzó renombre hace sólo unos pocos años. En la actualidad es probablemente la más popular y excitante variante del poker que se juega en Las Vegas. El episodio final del Campeonato del Mundo de poker es el hold’em. Es un juego extremadamente agresivo y trepidante y, aunque parece sencillo, requiere experiencia y un temple de acero para jugarlo bien.
Básicamente, el hold’em es una adaptación del stud de siete cartas, que incorpora la muy importante diferencia de que todas las cartas boca arriba (cinco en este caso) son cartas comunes a todos los jugadores. A cada uno de ellos se le reparten primero dos cartas boca abajo. Luego, se reparten cinco cartas boca arriba en común para todos los jugadores. De ellas, las tres primeras -llamadas el «flop»- se reparten juntas, y las dos siguientes sucesivamente por separado.
Hold’em: secuencia de reparto y apuestas. Hay cuatro tandas de apuestas: después de las cartas boca abajo, del «flop» y de cada una de las dos cartas boca arriba
Debido a que cinco cartas son comunes a todos los jugadores, la contienda es por lo general encarnizada y, como veremos seguidamente, la posición es enormemente importante, mucho más que en las otras variantes del poker.
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